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Osito Kili

Empezar de nuevo cuando muchos piensan que ya toca parar.

viajando por el mundo en bicicleta

Mi Historia

Quién soy

Me llamo Ángel Diestre

Soy Ángel Diestre, casado, padre de dos hijos y nacido en Barcelona. Durante muchos años mi vida estuvo marcada por el trabajo, la familia, las responsabilidades y esa forma de avanzar en la que casi siempre hay alguien esperando algo de ti.

Me he dedicado al mundo de la automoción como ingeniero. Ha sido una etapa larga, intensa y llena de aprendizajes, pero llegó un momento en el que la vida cambió de ritmo. La jubilación no fue para mí un final, sino una puerta abierta: por primera vez podía decidir con calma qué quería hacer con mi tiempo.

Retrato de Ángel antes de empezar el viaje
Ángel durante una pausa junto al mar, con esa mezcla de cansancio y alegría que también forma parte del camino.

El punto de partida

Cuando dejé de hacer lo que tocaba

Durante buena parte de mi vida hice lo que había que hacer: estudiar, trabajar, construir una carrera, sacar adelante proyectos, cumplir horarios y responder a compromisos. No lo cuento con tristeza, lo cuento porque así se construye una vida, paso a paso, con esfuerzo y con mucha gente alrededor.

Pero al llegar la jubilación sentí que empezaba otra etapa. Ya no tenía que vivir según el calendario de otros, podía levantarme y preguntarme algo muy sencillo: qué quiero hacer hoy con mi vida. Esa pregunta, que parece pequeña, fue el verdadero comienzo del viaje.

Siempre había sentido la necesidad de moverme, de mirar el mundo despacio y de comprobar que había más caminos que los que recorremos por costumbre. La bicicleta apareció como una respuesta natural: humilde, lenta, exigente y libre.

Antes de salir

El viaje empieza antes de la primera pedalada: probar la bicicleta, repartir el peso, mirar mapas y aprender a llevar la casa encima.

Bicicleta preparada sobre un rodillo de entrenamiento
Antes de la carretera también hubo taller, pruebas y ajustes.
Bicicleta cargada con alforjas y equipaje
Cada bolsa, cada cincha y cada kilo tienen que encontrar su sitio.
Bicicleta cargada con comida y equipaje atados sobre las alforjas
Cada cosa encuentra su sitio: comida, recambios, descanso y lo imprescindible para seguir.
Tablet con la ruta colocada en el manillar de la bicicleta
El mapa siempre a mano, aunque la ruta real acabe cambiando muchas veces.
Bicicleta en un estudio de ajuste con una pantalla de medidas
La puesta a punto empieza con pequeños ajustes que después se notan durante horas sobre el sillín.
Pantalla con medidas de biomecánica para ajustar la bicicleta
Medir, corregir y volver a probar: antes de salir, la bicicleta también tenía que encontrar su sitio.

2024

Barcelona, la primera pedalada

En 2024, ya jubilado, salí de Barcelona con la idea de empezar cerca antes de mirar más lejos. No necesitaba demostrar nada, quería aprender a viajar de otra manera, entender mi ritmo, escuchar el cuerpo y aceptar que cada día, el camino trae su propia respuesta.

El primer gran objetivo fue dar la vuelta a la península. Salir desde casa tenía algo especial: no había avión, no había frontera simbólica, no había un gran gesto. Solo la puerta de siempre, la calle de siempre y una bicicleta cargada con todo lo necesario para empezar.

La experiencia me enseñó que viajar también consiste en soltar peso. Al principio uno tiende a cargar por si acaso; con los días aprendes a distinguir lo necesario y cada kilo que dejas atrás hace el camino más ligero.

Mi ruta

El camino contado sobre el mapa

Aquí puedes ver la ruta completa y lo que todavía queda hasta volver a Barcelona.

Cargando…
kilómetros
7172
días en ruta
120
países
4
Playa del sur al atardecer con una figura mirando el mar
La vuelta a la península empezó con esa mezcla de costa, luz baja y kilómetros por delante.

La península

Una vuelta hecha de costas, pueblos y conversaciones

La ruta alrededor de la península fue mucho más que una línea sobre un mapa. Fue una sucesión de amaneceres, carreteras secundarias, caminos, pueblos donde siempre aparece alguien que pregunta de dónde vienes y adonde vas, y tardes en las que solo importa encontrar un lugar tranquilo para descansar.

Viajar en bicicleta te coloca en una distancia muy humana con todo. No llegas de golpe, vas entrando en los lugares poco a poco. Ves cómo cambia la luz, cómo huele la tierra después de llover, cómo se transforma el acento de una comarca a otra y cómo una conversación pequeña puede arreglar un día difícil.

Hubo jornadas de viento, etapas largas, averías, cansancio y momentos de soledad. Pero también hubo hospitalidad, comidas sencillas que sabían a gloria y la sensación de estar haciendo exactamente lo que quería hacer.

La península en marcha

La península se cuenta con contrastes: caminos de marisma, costa árida, playas, ferries y la bicicleta apareciendo en medio de escenas muy distintas.

Bicicleta cargada en una carretera costera con subida
Carreteras pegadas al mar, con subidas que aparecen justo cuando el paisaje se abre.
Acantilado dorado sobre una playa del sur
La costa sur cambia de color: roca, arena, cielo limpio y muchos kilómetros por delante.
Camino de tierra junto a un acantilado costero
Hay tramos donde el camino parece dibujado entre la montaña y el agua.
Paisaje de sierra árida cerca del mar
La península no es solo costa: también es interior seco, luz dura y silencio.
Paseo junto al mar bordeado de palmeras
Algunos días la ruta atraviesa paseos tranquilos antes de volver a carreteras abiertas.
Bicicleta en la playa junto a barcos de pesca
Puertos pequeños, arena y barcos: la bicicleta se mezcla con la vida de cada sitio.
Bicicleta cargada junto a una playa con palmeras
Una pausa junto al mar para respirar antes de seguir pedaleando.
Pueblo costero entre playa y acantilado
Pueblos encajados entre playa y roca, lugares donde la etapa se vuelve postal.
Comida en un banco de playa con la bicicleta al fondo
Comer junto a la bicicleta, sin más ceremonia que recuperar fuerzas.
Camino de tierra entre marismas
Las marismas traen otra velocidad: horizonte bajo, viento y tierra compacta.
Ángel con casco junto a la bicicleta en una zona de marismas
Parada, foto rápida y de nuevo a buscar el siguiente tramo.
Bicicleta junto a las letras de Cádiz
Cádiz marca otro punto de paso, entre ciudad, puerto y horizonte atlántico.
Ferry con la rampa abierta en el puerto
Embarcar la bicicleta es otra forma de seguir pedaleando.

Costa, ciudades y paradas de camino

Entre etapa y etapa aparecen escenas que no son grandes hitos, pero sostienen el relato: playas vacías, barcos varados, plazas, árboles enormes y la bicicleta descansando cerca del mar.

Acantilado sobre una playa del sur
Playas largas vistas desde arriba, con la carretera siempre cerca.
Acantilado dorado junto a un mar azul
La costa va cambiando de textura, pero el horizonte sigue marcando la dirección.
Cala entre rocas con el sol reflejado en el agua
Pequeñas calas donde el viaje se detiene lo justo para mirar.
Costa montañosa con luz de tarde sobre el mar
La luz de última hora convierte una etapa normal en una imagen que se queda.
Barco azul La Dorada colocado en tierra
Algunas señales de costa tienen más memoria que utilidad.
Bicicleta cargada junto a una cala rocosa
La bicicleta aparece en los márgenes: playa, roca y una pausa corta.
Bicicleta frente a una playa con oleaje
Cuando el mar aprieta, la etapa también cambia de humor.
Bicicleta cargada ante una playa con cielo de tormenta
No todos los días tienen cielo limpio, y eso también cuenta el viaje.
Catedral de Cádiz desde la plaza
Las ciudades interrumpen la línea de costa con piedra, plazas y sombra.
Plaza ajardinada en Cádiz
Una plaza tranquila sirve para cambiar el ruido de la carretera por sombra.
Gran ficus en una plaza de Cádiz
Un árbol enorme puede ser una etapa dentro de la etapa.
Fortaleza de Cádiz junto al mar
Murallas, agua y viento: otra forma de reconocer el Atlántico.

Baleares: Mallorca

Mallorca entra en la historia como un desvío con nombre propio: ferry desde Barcelona, puerto, catedral, costa, cafés y la bicicleta esperando siempre cerca.

Bicicleta cargada frente a la terminal de Balearia de noche
La salida hacia Baleares también empieza con esperas de puerto y horarios de ferry.
Ángel con la bicicleta frente a la catedral de Palma
Palma y su catedral como una de las imágenes claras del paso por Mallorca.
Ensaimada, casco y pantalla de ruta sobre una mesa
Mallorca aparece en la ruta con sus propias paradas, mapas abiertos y la bicicleta esperando fuera.
Mirador sobre la costa de Mallorca
La isla enseña su escala desde arriba: mar abierto, montaña y curvas.
Cala turquesa rodeada de casas y roca
Calas tranquilas donde el viaje baja el ritmo por un momento.
Cala de Mallorca vista desde una sierra rocosa
La Serra marca otra Mallorca: más vertical, más lenta, más exigente.
Pueblo costero alrededor de una cala en Mallorca
Pueblos encajados en la costa, con la bicicleta esperando el siguiente tramo.
Ángel sentado en una terraza junto al mar
Descanso en terraza, mirando la costa y bajando pulsaciones.
Habitación con la bicicleta dentro y equipaje preparado
El viaje también se guarda en habitaciones pequeñas, con la bici entrando donde puede.

Norte de África

El salto al norte de África abre otro capítulo dentro de la misma vuelta.

Las fotos disponibles enseñan sobre todo la salida, la ciudad y algunos encuentros del camino. No intento convertirlas en una crónica completa del tramo, sino usarlas como puerta de entrada a ese cambio de escenario: la península deja de ser solo costa europea y se convierte en una ruta más amplia.

Norte de África en imágenes

Ciudad, puerto, ferry y encuentros del camino cuando la ruta cambia de continente.

Edificio histórico en una calle de Ceuta
Ceuta marca el umbral del salto: ciudad, puerto y otra luz antes de seguir.
Fachada de la Comandancia General de Ceuta
Un punto urbano que sitúa el capítulo antes de volver a mirar la carretera.
Escultura en una plaza de Ceuta
Las ciudades también dejan señales pequeñas en medio de una ruta grande.
Viajeros con motos clásicas durante una parada
Encuentros de camino: otras máquinas, otros ritmos y la misma curiosidad por moverse.
Ángel junto a un grupo de viajeros en moto
Una foto de grupo, de esas que aparecen sin plan y acaban siendo parte del relato.
Ángel con casco junto a un ferry en el puerto
Los ferries cosen los saltos de la ruta cuando la bicicleta necesita cruzar agua.

Islas Canarias

Canarias: altura, lava y carreteras volcánicas

El archipiélago canario tuvo un peso especial en aquel viaje. Al cruzar al noroeste de África sentí que la ruta cambiaba de tono. Los caminos, los pueblos, el Atlántico y la manera de ser de la gente me invitaron a ir más despacio todavía.

Recuerdo las islas como una parte muy viva del camino: días de costa abierta, subidas que parecían pequeñas en el mapa y luego se hacían interminables, cafés donde el tiempo no apretaba y conversaciones sencillas que nacían aunque no siempre compartiéramos todas las palabras.

Allí entendí mejor una de las razones de este viaje. No se trataba solo de recorrer kilómetros. Se trataba de dejar espacio para que las cosas pasaran: una recomendación inesperada, una comida compartida, una carretera mejor que la prevista, un lugar donde quedarse un poco más porque el cuerpo y el paisaje lo pedían.

Canarias en imágenes

Altura, lava, carreteras volcánicas y cambios de paisaje que se sienten en cada etapa.

Carretera de montaña con tajinastes en Canarias
Carreteras de altura, vegetación extraña y curvas que se ganan despacio.
Barranco de montaña con nubes al fondo
Arriba, las islas dejan de ser playa y se vuelven barranco, nube y silencio.
Roca volcánica roja sobre un mar de nubes
La roca roja y las nubes explican mejor que cualquier mapa dónde estás.
Cumbre rocosa con valle y nubes
Subir en Canarias es entrar y salir de capas de paisaje.
Montañas rojizas y mar al fondo
Las montañas volcánicas parecen duras incluso antes de pedalearlas.
Camino volcánico con el mar al fondo
Tierra negra, señales mínimas y el océano apareciendo al fondo.
Pista negra atravesando un paisaje volcánico
Hay caminos donde el color lo domina todo.
Sendero negro entre conos volcánicos
Avanzar por lava exige atención: el terreno manda.
Sendero negro volcánico bajando hacia el mar
El mar está ahí, pero antes toca negociar con la tierra volcánica.
Paisaje volcánico abierto con cielo azul
En altura, el viaje parece atravesar otro planeta.
Carretera sobre acantilados junto al mar
Las bajadas hacia la costa también tienen vértigo.
Diploma del paso por el faro de Orchilla en El Hierro
Algunos lugares quedan marcados también en papel, como prueba pequeña de haber llegado.

Canarias: costa, bosque y pueblos

Después de la lava llegan bosques húmedos, pueblos colgados sobre roca negra, piscinas naturales y descansos que recuerdan que cada isla tiene su propio ritmo.

Ángel con casco junto a un ferry en el puerto
Cada isla empieza con una llegada, una rampa y la bicicleta de nuevo en tierra.
Bicicleta en un mirador sobre la costa canaria
La bicicleta se queda un momento quieta para mirar lo que viene después.
Costa canaria vista desde un mirador alto
Una isla mirada desde arriba, con el océano rodeándolo todo.
Racimo de plátanos en una platanera
La ruta también atraviesa cultivos, patios y señales muy locales.
Carretera estrecha atravesando un bosque canario
El bosque cambia por completo la luz y el sonido del viaje.
Curva de carretera entre vegetación de laurisilva
En la laurisilva, cada curva parece entrar más dentro de la isla.
Camino bajo árboles cubiertos de musgo
Túneles verdes que no tienen nada que ver con la costa volcánica.
Costa de El Hierro con mar abierto
El Hierro deja una costa más áspera, más desnuda y muy presente.
Camino junto a acantilados en Canarias
Caminos estrechos donde la pared y el mar acompañan al mismo tiempo.
Piscina natural entre rocas negras
El agua se queda atrapada entre rocas negras y cambia el final de una etapa.
Pueblo costero entre roca negra y mar
Pueblos encajados en la costa volcánica, con casas que parecen agarrarse a la ladera.

Canarias: detalles que cambian el ritmo

Además de los grandes paisajes, las islas dejan calles, patios, bosques cerrados, roques, miradores y pequeños finales de etapa que hacen más humano el viaje.

Calle tranquila con casas de colores en una isla canaria
Calles donde el viaje baja la voz y se vuelve paseo.
Fachada roja con balcón lleno de flores
Fachadas que aparecen como una pausa de color entre tanta carretera.
Patio interior lleno de plantas
También hay interiores verdes, sombra y descanso.
Pinar canario con nubes al fondo
El bosque vuelve a cambiar la escala de la isla.
Mar de nubes sobre una ladera canaria
Arriba, el horizonte puede ser una capa de nubes.
Carretera estrecha entrando en un bosque canario
Carreteras pequeñas que piden ir despacio.
Carretera entre árboles de laurisilva con luz filtrada
La luz entra a trozos cuando el bosque se cierra.
Camino ancho atravesando un bosque de laurisilva
La ruta se vuelve más fresca y más silenciosa bajo los árboles.
Banco en un mirador sobre la costa canaria
Un banco vacío basta para contar un descanso.
Sendero entre árboles en Canarias
También hay caminos que parecen apartarse del mundo.
Nubes entrando sobre un bosque canario
Cuando las nubes bajan, el paisaje se mueve aunque la bicicleta esté quieta.
Carretera de laurisilva bajo una roca
La vegetación y la piedra cierran el camino como un túnel natural.
Señal junto a una costa canaria
Las señales pequeñas ayudan a situar el cuerpo dentro de la isla.
Arco de lava sobre el mar
La lava también dibuja puertas hacia el océano.
Roca volcánica junto al mar en Canarias
Roca negra, agua clara y una costa que nunca parece igual.
Roque en el mar bajo cielo azul
Los roques se quedan como puntos fijos mientras todo lo demás avanza.
Costa de roca negra con casas al fondo
Las casas aparecen agarradas al borde volcánico.
Atardecer sobre un roque y el mar
Al final del día, el paisaje se vuelve más simple y más fuerte.
Árboles cubiertos de musgo en la laurisilva
La humedad deja otra memoria en el cuerpo.

Lo que viene

Portugal, Galicia, el Cantábrico y el regreso a Barcelona

La siguiente parte todavía está por escribirse. Desde la península, el viaje continuará hacia Portugal, con el Atlántico marcando el ritmo y esa promesa de carreteras, pueblos y cafés donde el tiempo parece ir más despacio.

Después llegará Galicia y el Cantábrico, siguiendo hacia el norte hasta subir a Burdeos. Será otra manera de mirar el mapa: menos como una meta cerrada y más como una conversación larga con el paisaje, el clima y el cuerpo.

Desde Burdeos, la ruta atravesará Francia por el Canal du Midi y regresará finalmente a Barcelona. Cerrar el círculo no significa terminar el viaje, sino volver al punto de partida con una gran historia encima de la bicicleta.

El sentido del viaje

Una forma nueva de estar en el mundo

Aquel viaje fue el inicio de una manera distinta de mirar la vida. Después de tantos años siguiendo obligaciones, la bicicleta me dio una libertad muy concreta: avanzar por decisión propia, equivocarme por mi cuenta y celebrar cada pequeño logro sin pedir permiso.

Esta web nace para contar ese camino en primera persona. No quiero que sea solo una lista de etapas o un mapa con puntos. Quiero que sea un relato de lo que significa empezar de nuevo cuando muchos piensan que ya toca parar.

Cada fotografía, cada tramo y cada texto forman parte de esa historia. Un viaje que empezó en Barcelona, rodeó la península, saltó a Mallorca, cruzó hacia el norte de África, recorrió Canarias y todavía mira hacia Portugal, Galicia, Francia y el regreso a casa.

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