Osito Kili
Empezar de nuevo cuando muchos piensan que ya toca parar.
viajando por el mundo en bicicleta
Mi Historia
Quién soy
Me llamo Ángel Diestre
Soy Ángel Diestre, casado, padre de dos hijos y nacido en Barcelona. Durante muchos años mi vida estuvo marcada por el trabajo, la familia, las responsabilidades y esa forma de avanzar en la que casi siempre hay alguien esperando algo de ti.
Me he dedicado al mundo de la automoción como ingeniero. Ha sido una etapa larga, intensa y llena de aprendizajes, pero llegó un momento en el que la vida cambió de ritmo. La jubilación no fue para mí un final, sino una puerta abierta: por primera vez podía decidir con calma qué quería hacer con mi tiempo.

El punto de partida
Cuando dejé de hacer lo que tocaba
Durante buena parte de mi vida hice lo que había que hacer: estudiar, trabajar, construir una carrera, sacar adelante proyectos, cumplir horarios y responder a compromisos. No lo cuento con tristeza, lo cuento porque así se construye una vida, paso a paso, con esfuerzo y con mucha gente alrededor.
Pero al llegar la jubilación sentí que empezaba otra etapa. Ya no tenía que vivir según el calendario de otros, podía levantarme y preguntarme algo muy sencillo: qué quiero hacer hoy con mi vida. Esa pregunta, que parece pequeña, fue el verdadero comienzo del viaje.
Siempre había sentido la necesidad de moverme, de mirar el mundo despacio y de comprobar que había más caminos que los que recorremos por costumbre. La bicicleta apareció como una respuesta natural: humilde, lenta, exigente y libre.
Antes de salir
El viaje empieza antes de la primera pedalada: probar la bicicleta, repartir el peso, mirar mapas y aprender a llevar la casa encima.






2024
Barcelona, la primera pedalada
En 2024, ya jubilado, salí de Barcelona con la idea de empezar cerca antes de mirar más lejos. No necesitaba demostrar nada, quería aprender a viajar de otra manera, entender mi ritmo, escuchar el cuerpo y aceptar que cada día, el camino trae su propia respuesta.
El primer gran objetivo fue dar la vuelta a la península. Salir desde casa tenía algo especial: no había avión, no había frontera simbólica, no había un gran gesto. Solo la puerta de siempre, la calle de siempre y una bicicleta cargada con todo lo necesario para empezar.
La experiencia me enseñó que viajar también consiste en soltar peso. Al principio uno tiende a cargar por si acaso; con los días aprendes a distinguir lo necesario y cada kilo que dejas atrás hace el camino más ligero.
Mi ruta
El camino contado sobre el mapa
Aquí puedes ver la ruta completa y lo que todavía queda hasta volver a Barcelona.
- kilómetros
- 7172
- días en ruta
- 120
- países
- 4

La península
Una vuelta hecha de costas, pueblos y conversaciones
La ruta alrededor de la península fue mucho más que una línea sobre un mapa. Fue una sucesión de amaneceres, carreteras secundarias, caminos, pueblos donde siempre aparece alguien que pregunta de dónde vienes y adonde vas, y tardes en las que solo importa encontrar un lugar tranquilo para descansar.
Viajar en bicicleta te coloca en una distancia muy humana con todo. No llegas de golpe, vas entrando en los lugares poco a poco. Ves cómo cambia la luz, cómo huele la tierra después de llover, cómo se transforma el acento de una comarca a otra y cómo una conversación pequeña puede arreglar un día difícil.
Hubo jornadas de viento, etapas largas, averías, cansancio y momentos de soledad. Pero también hubo hospitalidad, comidas sencillas que sabían a gloria y la sensación de estar haciendo exactamente lo que quería hacer.
La península en marcha
La península se cuenta con contrastes: caminos de marisma, costa árida, playas, ferries y la bicicleta apareciendo en medio de escenas muy distintas.













Costa, ciudades y paradas de camino
Entre etapa y etapa aparecen escenas que no son grandes hitos, pero sostienen el relato: playas vacías, barcos varados, plazas, árboles enormes y la bicicleta descansando cerca del mar.












Baleares: Mallorca
Mallorca entra en la historia como un desvío con nombre propio: ferry desde Barcelona, puerto, catedral, costa, cafés y la bicicleta esperando siempre cerca.









Norte de África
El salto al norte de África abre otro capítulo dentro de la misma vuelta.
Las fotos disponibles enseñan sobre todo la salida, la ciudad y algunos encuentros del camino. No intento convertirlas en una crónica completa del tramo, sino usarlas como puerta de entrada a ese cambio de escenario: la península deja de ser solo costa europea y se convierte en una ruta más amplia.
Norte de África en imágenes
Ciudad, puerto, ferry y encuentros del camino cuando la ruta cambia de continente.






Islas Canarias
Canarias: altura, lava y carreteras volcánicas
El archipiélago canario tuvo un peso especial en aquel viaje. Al cruzar al noroeste de África sentí que la ruta cambiaba de tono. Los caminos, los pueblos, el Atlántico y la manera de ser de la gente me invitaron a ir más despacio todavía.
Recuerdo las islas como una parte muy viva del camino: días de costa abierta, subidas que parecían pequeñas en el mapa y luego se hacían interminables, cafés donde el tiempo no apretaba y conversaciones sencillas que nacían aunque no siempre compartiéramos todas las palabras.
Allí entendí mejor una de las razones de este viaje. No se trataba solo de recorrer kilómetros. Se trataba de dejar espacio para que las cosas pasaran: una recomendación inesperada, una comida compartida, una carretera mejor que la prevista, un lugar donde quedarse un poco más porque el cuerpo y el paisaje lo pedían.
Canarias en imágenes
Altura, lava, carreteras volcánicas y cambios de paisaje que se sienten en cada etapa.












Canarias: costa, bosque y pueblos
Después de la lava llegan bosques húmedos, pueblos colgados sobre roca negra, piscinas naturales y descansos que recuerdan que cada isla tiene su propio ritmo.











Canarias: detalles que cambian el ritmo
Además de los grandes paisajes, las islas dejan calles, patios, bosques cerrados, roques, miradores y pequeños finales de etapa que hacen más humano el viaje.



















Lo que viene
Portugal, Galicia, el Cantábrico y el regreso a Barcelona
La siguiente parte todavía está por escribirse. Desde la península, el viaje continuará hacia Portugal, con el Atlántico marcando el ritmo y esa promesa de carreteras, pueblos y cafés donde el tiempo parece ir más despacio.
Después llegará Galicia y el Cantábrico, siguiendo hacia el norte hasta subir a Burdeos. Será otra manera de mirar el mapa: menos como una meta cerrada y más como una conversación larga con el paisaje, el clima y el cuerpo.
Desde Burdeos, la ruta atravesará Francia por el Canal du Midi y regresará finalmente a Barcelona. Cerrar el círculo no significa terminar el viaje, sino volver al punto de partida con una gran historia encima de la bicicleta.
El sentido del viaje
Una forma nueva de estar en el mundo
Aquel viaje fue el inicio de una manera distinta de mirar la vida. Después de tantos años siguiendo obligaciones, la bicicleta me dio una libertad muy concreta: avanzar por decisión propia, equivocarme por mi cuenta y celebrar cada pequeño logro sin pedir permiso.
Esta web nace para contar ese camino en primera persona. No quiero que sea solo una lista de etapas o un mapa con puntos. Quiero que sea un relato de lo que significa empezar de nuevo cuando muchos piensan que ya toca parar.
Cada fotografía, cada tramo y cada texto forman parte de esa historia. Un viaje que empezó en Barcelona, rodeó la península, saltó a Mallorca, cruzó hacia el norte de África, recorrió Canarias y todavía mira hacia Portugal, Galicia, Francia y el regreso a casa.
Quienes me han invitado a un café
10 cafés invitados · 2 personas
- Someone×5
“{"note":"Fotli gasssssss!! \ud83d\udca5\ud83d\udca5","gif":null,"video":null}”
ayer - TRINI TOMAS CASTERA×5
“Enhorabuena por la iniciativa.<br>Mucha suerte”
ayer
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